El Dr ANTONIO MONDRAGON GUERRERO, como pionero de este barrio y basado en unos artículos de la fiscalía que
donde hay caminos públicos tiene que dejar una haría de 20 metros de lado a
lado, para cualquier variante.
El barrio comprendí una longitud q abarcaba desde que se principia la
loma q esta frente a santa Rita asta el
sector q denomina la lengua.
En esa época el alcalde era el Dr. Álvaro Lloreda, quien copero grande
mente, para ayudar a los poquito moradores para la conservación de estos
terrenos ya que salieron mucho que se avían pasar como propietarios para
recreemos ese terreno.
Las primeras personas, llegaron
allí en 1952, traídos por la violencia del eje cafetero, la búsqueda de
oportunidades y el comercio, solo con
una mejora comprada a plazos y sin papeles titulares: “Lo que tenía de querido,
lo tenía de ‘maní’ suelto para la plata que poco le importaba”, suele decir
ella con un poco de melancolía.
La calle real, poco a poco, se fue llenando de sitios de referencia y de
tiendas: El Trapecito, la galería, la tienda de Nelly, un burdel muy
respetable…
La Iglesia de San Ignacio de Loyola, construida por los jesuitas, se
dispuso en lo más alto, en el cruce de caminos, entre la carretera al mar y la
calle principal de Terrón, para ser el centro de encuentro y conquista cada
domingo, en cada misa, después de la cual se iniciaban una procesión de feria,
de romances, de algarabía y plan de fritanga. Terrón era un barrio feliz y
chismoso, de gentes con arraigo, con pertenencia. “Aquí éramos pobres pero
honrados, no habían robos y las mujeres eran respetadas.”
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